El test, de un vistazo
preguntas
Este bloque no va de memorizar cifras sino de entender por qué pasan las cosas. Si comprendes cómo se comporta un coche que frena, casi todas las preguntas se responden solas.

La distancia de frenado crece con el cuadrado de la velocidad. A 50 km/h necesitas unos 12 metros para detenerte una vez pisas el freno; a 100 km/h necesitas cuatro veces más, no el doble. Sumado al tiempo de reacción, que a 120 km/h son más de 30 metros recorridos antes de tocar el pedal, sale la distancia de detención total.
De ahí salen las preguntas sobre distancia de seguridad, sobre por qué no se frena dentro de una curva y sobre por qué la lluvia obliga a bajar el ritmo aunque el coche parezca ir igual de estable.
Proteger, avisar, socorrer. En ese orden y no en otro: el segundo accidente sobre el primero es una de las causas de muerte más frecuentes en carretera. Y dos reglas que caen mucho: al motorista no se le quita el casco salvo que no respire, y a un herido no se le mueve salvo peligro inmediato.
Una muestra del bloque de seguridad vial, con la respuesta correcta marcada y la explicación de por qué lo es. En el test entran 520 preguntas en total.

Por qué: Guiarse por las luces del de delante es la trampa clásica de la niebla: si él frena de golpe, ya no queda espacio para nada.
Por qué: El bostezo repetido, el picor de ojos y el cambio constante de postura son los primeros avisos. Después ya vienen los microsueños.
Por qué: Se alivia parpadeando conscientemente y mirando a distintas distancias unos minutos antes de arrancar.
Por qué: Con las progresivas la adaptación es más notable todavía. Conviene empezar por trayectos cortos y conocidos.
Por qué: A 50 km/h un objeto de dos kilos golpea como si pesara decenas. Todo lo pesado va bajo y centrado, nunca sobre la bandeja.
Por qué: A 50 km/h son unos catorce metros solo de reacción, antes de que el freno empiece a actuar. La regla de los dos segundos cubre las dos fases.
Por qué: Sobre nieve la distancia de frenado puede multiplicarse por cuatro o más. Es el escenario donde más margen hace falta y donde menos se deja.
Por qué: Es una herramienta de tres euros que se guarda al alcance de la mano. Si hay fuego o agua, esos segundos son todo el margen que hay.
Por qué: El calor castiga los neumáticos y el sistema de refrigeración, que son justo los dos puntos que dejan tirado a un vehículo en agosto.
Por qué: Un rescate acuático improvisado suele terminar con dos víctimas en lugar de una. La prioridad es dar la posición exacta cuanto antes.
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