Dos cosas que van juntas y que el temario trata en el mismo tema: qué distintivo lleva tu coche, que decide por dónde puedes circular, y cómo conducirlo gastando menos, que decide lo que pagas.
Las cuatro etiquetas
| Distintivo | Qué vehículos |
|---|---|
| 0 emisiones azul | Eléctricos de batería, de autonomía extendida, de pila de combustible e híbridos enchufables con 40 km o más de autonomía eléctrica |
| ECO azul y verde | Híbridos enchufables de menos de 40 km, híbridos no enchufables, y vehículos de gas natural o GLP |
| C verde | Gasolina matriculados desde enero de 2006 y diésel desde septiembre de 2015 |
| B amarilla | Gasolina matriculados desde 2001 y diésel desde 2006 |
| Sin distintivo | Gasolina anteriores a 2000 y diésel anteriores a 2006 |
La regla que resume todo: lo que manda es el combustible y la fecha de matriculación, no la marca ni el precio del coche. Un utilitario diésel de 2016 tiene etiqueta C y un todoterreno diésel de 2014 no.
Para qué sirve
El distintivo permite a los ayuntamientos discriminar positivamente a los vehículos menos contaminantes: es lo que decide quién entra en una zona de bajas emisiones, quién puede circular en un episodio de contaminación y quién accede a ventajas de aparcamiento.
Llevarlo pegado no es obligatorio, pero sin él no se puede acreditar la categoría en un control. Se coloca en el ángulo inferior derecho del parabrisas, por dentro, y en las motos en un lugar visible. Se consulta y se compra por matrícula.
Desde 2025 existe además una señal propia para esto: la R-120, que prohíbe la entrada en función del distintivo ambiental. Es una de las que estrena el catálogo oficial.
Conducción eficiente: lo que de verdad mueve la aguja
No es conducir despacio. Es conducir con el motor a pocas revoluciones y anticipando lo que va a pasar.
- Arrancar sin pisar el acelerador. Los motores actuales no lo necesitan, y en frío es cuando más se gasta.
- Usar la primera solo para iniciar la marcha y cambiar enseguida. La primera es la marcha que más consume.
- Cambiar pronto a marchas largas. Como referencia, en gasolina entre 2.000 y 2.500 revoluciones y en diésel entre 1.500 y 2.000.
- Circular en la marcha más larga posible a bajas revoluciones. Es contraintuitivo pero es donde el motor rinde mejor.
- Anticipar y levantar el pie en lugar de frenar. Con el pie fuera del acelerador y una marcha metida, la inyección se corta y el consumo cae a cero.
- Mantener la velocidad uniforme. Acelerar y frenar en ciudad es lo que dispara el gasto.
- Apagar el motor en paradas prolongadas.
Lo que cuesta sin que te des cuenta
- La presión de los neumáticos. Por debajo de lo indicado sube el consumo y el desgaste. Se revisa en frío, una vez al mes y antes de cada viaje largo.
- La baca y el cofre. Aunque vayan vacíos, la resistencia aerodinámica se paga en cada kilómetro. Si no los usas, quítalos.
- El peso muerto en el maletero.
- La velocidad. La resistencia del aire crece con el cuadrado de la velocidad, así que el tramo entre 120 y 140 se paga muy caro en litros.
- El aire acondicionado, sobre todo en trayectos cortos. En ciudad, ventanilla; en autovía, aire, porque a esa velocidad las ventanillas abiertas frenan más de lo que ahorran.
Y lo que el coche hace por su cuenta
Los sistemas de parada y arranque automático apagan el motor en las detenciones y lo reencienden al soltar el freno o pisar el embrague. El indicador de cambio de marcha avisa del momento óptimo. No son adornos: son las dos ayudas que más recortan el consumo real en ciudad.
Compruébalo en el test del vehículo, o lee el tema de consumo y medio ambiente del manual.
